jueves, 11 de junio de 2009

El zen en el arte del tiro con Arco


El Zen es "la conciencia cotidiana, se­gún la expresión de Baso Matsu (fallecido en 788). Esa "conciencia cotidiana" no es otra cosa que "dormir cuando se tiene sueño; comer cuando se tiene hambre". Apenas reflexionamos, razonamos y for­mulamos conceptos, lo inconsciente prima­rio se pierde, y surge un pensamiento. Ya no comemos cuando comemos; ya no dor­mimos cuando dormimos. Se disparó la flecha, pero no vuela en línea recta hacia el blanco, y éste no está donde debería hallarse.
El hombre es un ser pensante, pero sus grandes obras las realiza cuando no calcula ni piensa. Debemos reconquistar el “candor infantil" a través de largos años de ejercitación en el arte de olvidarnos de nosotros mismos. Logrado esto, el hom­bre piensa sin pensar. Piensa como la llu­via que cae del cielo; piensa como las olas que se desplazan en el mar; piensa como las estrellas que iluminan el cielo noctur­no, como la verde fronda que brota bajo el tibio viento primaveral. De hecho, él mismo es la lluvia, el mar, las estrella, la fronda.
Una vez que el hombre haya alcanzado ese estado de evolución "espiritual", será maestro Zen de la vida. No necesita, co­mo el pintor, de lienzo, pinceles ni colores. No necesita, como el arquero, de arco, fle­cha ni blanco, ni de otros recursos. Se sir­ve de sus miembros, de su cuerpo, cabeza y órganos. Su vida en el Zen se expresa por medio de todos esos "instrumentos" importantes como manifestaciones suyas. Sus manos y pies son los pinceles. Y todo el universo es el lienzo sobre el cual pin­tará su vida durante setenta, ochenta y hasta noventa años. El cuadro así pinta­do se llama "historia".

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